martes, 11 de diciembre de 2007

MINIATURAS






Durante muchos siglos el arte europeo fue tributario del bizantino, que transformando en esquemas más o menos rígidos el arte clásico de Roma y Grecia, se difunde en los territorios del imperio que los bárbaros habían invadido, y que poco a poco fueron cambiando a formas civilizadas de vida. La impronta bizantina fue mayor en la pintura, y naturalmente en la miniatura, que aún siendo en algunos casos sólo un arte menor, con simples intentos decorativos, con frecuencia es una verdadera pintura a tamaño reducido.

Las condiciones espirituales, políticas y económicas de Europa ayudan al arte románico, esencialmente religioso, a difundirse por el continente al amparo de los benedictinos. La miniatura no queda al margen de estos movimientos que dejan atrás, poco a poco, los elementos comunes de su inicio. Su cometido en este periodo románico será ilustrar con con escenas y personajes los textos de la Biblia.

La miniatura en el Renacimiento manifiesta su autonomía y originalidad, y casi siempre, denuncia la presencia del artista creador. Se dice que en esta época se convierte en pintura, y en muchos casos, contribuye a dar testimonio de su `hermana mayor` ante la pérdida o destrucción de las obras pictóricas.

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