martes, 12 de octubre de 2010

GENIAL VAN GOGH


Nació el 30 de mayo de 1853 en Groot Zundert, un pueblecito del Bravante holandés.

A los 16 años entró a trabajar en la Galería Goupil, de la Haya.

En el mes de junio de 1879 obtuvo una misión evangelista en la
cuenca minera de Borinage, en Bélgica. Allí asiste a lo que él llama los
cursos gratuitos de la gran universidad de la miseria, y se inicia en las
privaciones y los sacrificios de los mineros hasta compartir con ellos todo
lo que posee. Es ahí donde nace la idea de llevar a cabo su misión a través
del arte. Su decisión de convertirse en pintor la consigna en una carta que
escribe a su hermano Theo.

Su vida rozará la tragedia cuando una vecina, Margot Begemann,
intenta suicidarse porque su familia no accede a su matrimonio con Vincent,
a quien ella ama sinceramente. Una serie de crisis violentas marcarán sus
últimos años. En mayo de 1889 entra en el hospital psiquiátrico de
Saint-Rhèmy de Provenza, para intentar curarse. Allí pinta 150 telas y
centenares de dibujos, trabajando como un poseso. Pero la tragedia es
inevitable, las garras de la enfermedad le atrapan irremisiblemente. Un día,
en Auvers, sufrió alucinaciones y, en pleno campo, se disparó un tiro en el
corazón. Era el 27 de julio de 1890. Murió dos días más tarde, teniendo a su
lado a Theo, su hermano.

Esa es, a grandes rasgos, su vida. Sin hablar de su pintura. Él supo
expresar como nadie, sentir como nadie. Por eso es el maestro de los
maestros. Y el mío.
Como homenaje a él, a la persona, y a su maravillosa forma de expresión, me
tomé la libertad (y el atrevimiento), de hacer algunas copias. Ahí va un
ejemplo.

VIRTU